
Cuando comenté años atrás con un grupo de amigas que el único amor seguro que podía tenerse era el amor de un hijo, me miraron con mala cara, y desmintieron de inmediato. Según ellas no es lo mismo amar a un hijo que amar a un hombre. Sin duda que no lo es, pero de todos modos eso no le quita la calidad al amor madre hijo, ni su durabilidad, ni su lazo directo. Ese es un amor incondicional, y personalmente creo que podría ser hasta más rico que compartir tu cama con alguien. Porque no nos engañemos, en estos tiempos las sabanas apenas llegan a entibiarse por culpa de amantes fugaces, cobardes y egoístas.
Al leer la noticia sobre un grupo de adolescentes que realizan un pacto de embarazo, es decir planifican concientemente embarazarse, no para casarse, no para enganchar a sus parejas, no, con fin más grande, el tener un amor para siempre. La idea no llega solo hasta ahí, sino que el plan maestro era criarlos en comunidad, una comunidad de madres solteras. La determinación de ser madres fue tan grande que uno de los padres es un mendigo de la calle. (http://www.time.com/time/world/article/0,8599,1815845,00.html)
Yo sé que son adolescentes y que seguramente no tienen un cerebro maduro para sopesar consecuencias de sus decisiones. Pero ¿no es acaso escandalosamente triste? Ellas a su corta edad llevan a su haber la desilusión sobre el género masculino, la negación a los caminos moralizantes preestablecidos, y el ideal de un amor puro, el más puro que conocen, el de madre/hijo.
¿Tan raro es para nosotros que una adolescente se alegre de tener un hijo?¿que desee tener un hijo? ¿Que ponga una cara de tristeza después de un negativo test de embarazo?
Bienvenidos a los nuevos tiempos, donde las generaciones se saltan pasos y lo hacen todo al revés.
Mientras estén buscando amor, de ese de verdad, de ese incondicional…
¿Cuál es el problema?
Y el que crea que esto es efecto de películas como Juno, está subestimando a los adolescentes.

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