lunes, 7 de abril de 2008

Ropa apretada, ropa discriminada

El delito reiterativo de acumular prendas.


Por las ganas de mostrar más algunas mujeres usan ropa de talla menor a la que les corresponde, ya sea para realzar un escote o apegar más la tela a su hermosa figura. También existen mujeres quienes nunca asumen que están en sobrepeso y siguen utilizando la ropa que usaban 10 años atrás cuando tenía unos cientos de comidas grasosas menos en el cinturón de almacenamiento llamado barriga. Hay mujeres que saben que están en sobrepeso y aun así insisten en comprar ropas con tallas más bajas de manera de obligarse a bajar de peso, pero aun no conozco a nadie que haya bajado de peso (de manera considerable) para ponerse un pantalón... no quiero ni siquiera a entrar en detalle sobre las fajas, cremas adelgazantes, las pastillas mágicas, los sopapos succionadores, la electrocución casera y todo el reino de las maravillas que te prometen vía televisión, que se adquiere y se consume en post de ponerse aquel vestido sin hacer reventar un par de botones.
¿Y qué pasa con esa ropa después de todos esos intentos fallidos? Esa ropa es la relegada, aquella que queda en la última percha, en el último cajón, bajo toda un montón de ropa. Esa prenda solo sale a la luz cuando se hace limpieza, y entonces uno la deja afuera, la observa y se observa uno en el espejo. Después de mirarla tanto, te la pruebas, para volver a comprobar que te queda chica, que fue tonto comprar un size menos, que probablemente nunca podrás usarla... que debieses regalarla, tal vez a alguien que le quede mejor...
Pero no. No lo haces y la ropa chiquita vuelve al closed, para quedarse junto al pantalón de los años ochentas, la ropa de colores extremos (para gente con más personalidad que uno), con lo que te regaló tu abuelita la navidad pasada y con la ropa de size más grande...

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